Bruno Lanchares Psicología

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Terapia de pareja: lo que las parejas evitan decirse

En terapia de pareja hay algo que sorprende a casi todo el mundo: las discusiones importantes casi nunca van de lo que parece que van.

Se discute por los platos, por el móvil, por la hora de llegar, por la suegra. Y esas discusiones se repiten con una fidelidad asombrosa, con el mismo guión, durante años. Cuando algo se repite tanto, rara vez es por el contenido.

Las discusiones que se repiten no van del tema del que parecen ir

Si el problema fuera de verdad el reparto de tareas, se resolvería con un cuadrante en la nevera. Y todos sabemos que el cuadrante dura tres semanas.

Lo que se repite no es el tema: es la posición que ocupa cada uno cuando aparece ese tema. Uno reclama, el otro se cierra. O uno explica, el otro se justifica. El guión está escrito antes de empezar.

Lo que se dice y lo que en realidad se pide

Debajo de «nunca me ayudas» casi siempre hay un «me siento sola en esto». Debajo de «siempre estás con el móvil» hay un «ya no sé si te intereso». Y debajo de «haz lo que quieras» hay, muchas veces, un «me da miedo pedirte algo y que me digas que no».

Nadie hace esto para manipular. Lo hacemos porque decir lo de debajo deja mucho más expuesto. Reclamar por los platos es seguro. Decir «te echo de menos aunque estés aquí» no lo es.

En Terapia Focalizada en las Emociones a esto se le llama trabajar la emoción primaria: lo que de verdad se siente debajo del enfado. El enfado suele ser la capa de arriba. Debajo casi siempre hay miedo, tristeza o una necesidad que no se ha sabido pedir.

El patrón es de los dos

Aquí es donde una mirada sistémica cambia bastante la conversación. No hay uno que ataca y otro que se defiende: hay una dinámica que se retroalimenta.

Cuanto más reclama uno, más se retira el otro. Cuanto más se retira, más necesita reclamar el primero para obtener alguna señal. Es el bucle más común que existe en pareja, y los dos tienen razón desde dentro de su posición.

Buscar al culpable, además de injusto, es la forma más eficaz de no salir de ahí. Mientras la pregunta sea «quién empezó», el bucle sigue girando.

Cuándo tiene sentido ir a terapia de pareja

No hace falta estar al borde de la ruptura. De hecho, cuanto antes se pide, más margen hay. Algunas señales habituales:

  • Discutís siempre por lo mismo y ya sabéis cómo va a acabar antes de empezar.
  • Habéis dejado de hablar de ciertos temas para evitar el conflicto.
  • Uno de los dos siente que camina de puntillas por casa.
  • Ha pasado algo concreto (una infidelidad, una crisis, un cambio vital) y no encontráis la forma de hablarlo sin que se rompa todo.
  • Ya casi no discutís, pero tampoco os contáis nada.

Ese último punto suele ser el que más se subestima. La indiferencia preocupa más que la discusión.

Cómo funciona la terapia de pareja online

Trabajo la terapia de pareja por videollamada, y en este caso tiene una ventaja práctica que no es menor: encontrar un hueco común para dos agendas es la mitad del problema. Si además uno viaja o vivís en ciudades distintas, la modalidad online deja de ser un apaño y pasa a ser lo que hace el proceso posible.

Podéis conectaros juntos desde el mismo sitio o cada uno desde el suyo. A veces, según el momento del proceso, tiene sentido alguna sesión individual con cada uno. Eso se decide sobre la marcha y siempre se habla antes.

¿Y si uno de los dos no quiere ir?

Pasa a menudo, y no invalida el proceso. Se puede empezar con quien sí quiere venir. Cuando una de las dos partes cambia su forma de participar en el bucle, el bucle se altera, aunque la otra persona no haya pisado la consulta.

No es lo ideal ni sustituye al trabajo conjunto, pero es infinitamente mejor que esperar a que el otro se decida.

Por dónde se empieza

No por resolver el tema de los platos. Por conseguir que cada uno pueda decir lo de debajo sin que el otro lo lea como un ataque. Eso, al principio, no sale solo: buena parte del trabajo consiste precisamente en sostener esa conversación hasta que deja de ser peligrosa.

Cuando una pareja consigue nombrar lo que llevaba tiempo evitando decirse, muchas discusiones no es que se resuelvan. Es que dejan de hacer falta.

Si os está pasando algo parecido, escribidme. La primera sesión son 30 minutos, sin compromiso, para ver si tiene sentido trabajar juntos.

¿Te ha resonado algo de esto?

La primera sesión son 30 minutos, sin compromiso, para ver si tiene sentido trabajar juntos.

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